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  • evayera

Los viajes de descenso

A lo largo del invierno tenemos la oportunidad de realizar viajes de descenso a nuestras propias profundidades internas. Los podemos hacer todo el año, en cualquier ocasión, aunque hay momentos más propicios que otros: cuando hay una crisis, cuando tenemos la regla, en la luna menguante, cuando cae la noche, o en el invierno, que es una temporada propicia para el recogimiento y la exploración interior. Desde este recogimiento es un buen lugar para emprender el descenso voluntario.


La vida, con sus aconteceres, con sus fuerzas y garras a veces nos zarandea y nos lleva y nos hunde en nuestras profundidades, a nuestras pozas oscuras, a nuestras mazmorras internas, a nuestras cuevas refugio…Y además, a medida que crecemos, de forma lenta e insidiosa vamos formando territorios internos en los que no queremos entrar, por dolor, por miedo, por defendernos del propio dolor y la vergüenza de lo que allí se halla tapado o abandonado. Ese es nuestro inframundo.


Por eso, un descenso voluntario, implica el poder y el coraje de ir a reconocerse, a aceptarse, a sentirse, a curarse y a habitarse, porque la vida, como en la naturaleza , como en nosotr@s, nos configura tanto la luz como la oscuridad, el dolor y el amor, no deja ser todo la misma energía vital con miles de prismas y matices bajo los que nos manifestamos.


El síntoma, sea del tipo que sea, es la puerta de entrada, la frontera, la orilla de la cual partimos. Ese dolor, herida o problema, es lo que nos interpela a ir más allá. Entonces si el descenso es voluntario y consciente, el objetivo suele ser curarse, transformarse e integrar, y aunque no siempre se consigue, la propia exploración resulta una práctica terapéutica y muchas veces reveladora de nuevos insights propios sobre nuestra experiencia.


El propio recorrido experiencial se convierte en un camino en espiral de descenso y ascenso cíclico, una senda de reconexión, de sanación y de restauración de nuestra integridad y de nuestra naturaleza profunda, salvaje y esencial.

EL DESCENSO AL INFRAMUNDO


El inframundo es un lugar mítico, simbólico, arquetípico, que representa lo oscuro, desconocido y reprimido en nuestra psique y en nuestro soma, cuerpo adentro. Puede ser visto como el lugar donde guardamos nuestras emociones reprimidas, traumas y aspectos que hemos negado. Puede ser un lugar sombrío, frondoso, enmarañado, peligroso o árido donde reside lo exiliado, lo doloroso, la vergüenza, lo callado, la muerte y el duelo no duelado.


El Inframundo es también un pasaje de entrada al Gran Abajo personal, íntimo y sagrado. La vida brota y se regenera desde ahí, en la oscuridad de lo profundo, de lo no carteado, del fondo. Es el poder de lo primario, de los umbrales de la muerte y de la vida, vinculado a nuestra naturaleza esencial, un poder que alquimiza la cura, la resurrección y la transformación.


Pero el Inframundo ha sido demonizado en muchas culturas y religiones como el hogar de los muertos, donde las almas van después de la muerte para ser juzgadas y posiblemente castigadas en el infierno. Y en algunas culturas, el inframundo ha sido vinculado con el principio femenino. La historia, ha asociado el principio femenino con lo oscuro, lo desconocido, lo que está debajo de la superficie, lo no visible, lo que es difícil de controlar y comprender. El dominio de lo femenino , y en especial de su naturaleza salvaje, se ha visto como algo peligroso, por lo que se ha intentado domesticar y controlar mediante mitos y religiones.


El inframundo se ha asociado al principio femenino y ha sido demonizado a lo largo de la historia, lo cual nos disocia y nos avergüenza de esa naturaleza salvaje primordial.

Hay muchas narrativas de descenso, algunas de ellas muy conocidas, como la de Jesucristo. Pero existe un mito todavía más antiguo, prepatriarcal, El Mito de Inanna, que nos narra de forma simbólica y con una gran riqueza multidimensional, el poder y la medicina del viaje de descenso. Este mito es como un mapa muy antiguo que nos puede resonar ayudar en nuestro propio viaje de psique de sanación y conectarnos con el poder del principio femenino y de la naturaleza salvaje.


EL DESCENSO DE INANNA: UN MITO INICIÁTICO


El descenso de Inanna al Inframundo es un mito sumerio de más de 5.000 años de antigüedad. Su historia era una alegoría que narraba y honraba los ciclos de la fertilidad de la tierra. La tierra que brota que da flores ofrece sus frutos, que decae, que muere y que renace. Por lo tanto, en el mito tenemos una correlación entre el descenso de Inanna, y el descenso de la Tierra, y al que podemos también vincular con nuestro propio descenso interior.


Inanna es la diosa del amor, la fertilidad y la guerra. También se la conoce como Venus, Ishtar o Astarté. Se la asocia con el planeta Venus, que rige la sexualidad, la belleza, el dinero y el poder. Era conocida como la Reina del Cielo. El descenso empieza Inanna “volvió su oído hacia el Gran Abajo”, al oír una voz ominosa que la llama desde la lejanía, desde lo subterráneo. Inanna siente el llamado de su hermana Ereshkigal Reina del Inframundo, en su lamento, por el duelo de la muerte de su marido. Inanna sabe que esta voz la llama a hacer un viaje a las tinieblas y se prepara para bajar al inframundo para visitar a su hermana Ereshkigal, la reina de los muertos, la Diosa Oscura. Se trata de un descenso voluntario.


Inanna es instada a atravesar siete puertas, como tenía que hacer todo aquel que entrara en el Inframundo. En cada una de las cuales es despojada de sus atributos divinos y es juzgada por los siete jueces. Cada juez le quita una prenda de vestir, representando la pérdida de un aspecto de sí misma, hasta acabar “desnuda y doblegada. Cuando por fin se reencuentran las hermanas, Inanna es condenada a morir por Ereshkigal en un ataque de ira y a quedar atrapada en el inframundo.


Inanna permanecerá 3 días y 3 noches muerta en el Gran Abajo colgada del gancho de una pared. Y es ahí, en la suspensión de la muerte donde se produce la posibilidad de que algo nuevo renazca.

Uno de los grandes misterios de este mito está tras el personaje de Ereshkigal, que como reina custodia las aguas de la vida, y será gracias a las aguas de la empatía y la compasión que Ereshkigal entrega su cuerpo a los consortes de Inanna quienes la devuelven a la vida.

Después ésta volverá a cruzar las siete puertas del inframundo, recuperará sus atributos reales y ocupará nuevamente su trono. Mas tiene tareas que cumplir antes. Ése es el precio de la iniciación al poder de la Tierra. Ha de cruzar las siete puertas de ascenso, haciendo su sacrificio, en este caso dejando a alguien es su lugar en el Inframundo. El mito nos muestra las leyes del inframundo, donde tenemos la posibilidad de renacer, de transformarnos, a cambio del sacrificio, algo dentro nuestro ha de morir, y esa es la ofrenda que debemos hacernos. Una vez culminada esta fase, Venus-Inanna es ahora Reina del Cielo y de la Tierra. Ésta es la culminación de un ciclo de iniciación a los misterios de lo femenino y del poder natural los ciclos de la Tierra, de la vida, muerte y transformación.


El mito de Inanna nos habla de la sabiduría del duelo, la muerte y la resurrección. Nos revela que ella es la diosa del Amor porque desciende voluntariamente a honrar el dolor de su hermana, que es ella misma completándose. Esta es la gran medicina del descenso.

INANNA Y ERESHKIGAL: DE LA DISOCIACIÓN A LA INTEGRIDAD


Inanna y Ereshkigal son dos diosas sumerias que representan la dualidad de la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, y el cielo y el inframundo. Inanna es la diosa de la fertilidad, la sexualidad y la guerra, mientras que Ereshkigal es la diosa del inframundo y la muerte, así como la guardiana de las aguas subterráneas de la vida. Ambas son hermanas y tienen un papel importante en el mito del descenso de Inanna al inframundo como en la integración de nuestra propia psique.


En términos de trabajo psicológico, la diosa Inanna representa el lado consciente de nuestra psique, el lado activo y manifiesto de nuestra personalidad. Por otro lado, Ereshkigal representa el lado inconsciente de nuestra psique, las zonas oscuras y reprimidas. Inanna representa el ego, Ereshkigal representa la sombra. La sombra es el lugar donde cobra vida todo lo que hemos olvidado, negado, rechazado o que todavía no hemos descubierto. Ereshkigal también representa todo ese lado oscuro demonizado del principio femenino, que tod@s llevamos dentro.


Inanna representa a la parte consciente de nosotras, que decide enfrentar sus miedos y sombras para alcanzar una mayor comprensión de sí misma. El proceso de despojo de sus atributos reales, es una metáfora para el proceso de descubrimiento y aceptación de nuestras propias limitaciones y debilidades. Es un descenso voluntario, convocada por el lamento de su hermana Ereshkigal que representa su sombra.


Aceptar nuestra oscuridad y sufrimiento nos permite curar esa disociación entre esas partes de nuestra psique que se encuentran separadas, tanto a nivel interno como a nivel social con la demonización del oscuro femenino.

Esto nos puede ayudar a habitar esas partes exiliadas de nuestros territorios internos, de nuestra experiencia o incluso de nuestra conciencia, y a aprender a convivir con ellas de la mejor manera posible para nuestra salud e integridad.


Es crucial, de hecho es una encrucijada, entender y tomar el poder de Ereshkigal en nuestra psique ya que ella nos puede ayudar a integrar nuestras emociones reprimidas y nuestros dolores desterrados, a aceptar la muerte y el cambio, y a desarrollar una mayor resiliencia y autocompasión. Procesos internos y experienciales relacionados con soltar, acabar, terminar, honrar, duelar, disolver, vaciar, abrirse, reconocer, aceptar, integrar, digerir, compostar, escuchar, poner límites y descansar son los pasos sentidos que nos llevan hacia delante en el retorno cíclico a nuestro origen.


TUS VIAJES DE DESCENSO


¿Realizas viajes de descenso voluntarios?


Ir más allá de los síntomas, de lo manifiesto y profundizar para reconocer tus emociones, la validez de tus sentires o de tus conflictos que hay detrás de esa sintomatología o problemática aparente no significa quedarte ahí hundida. Supone un encuentro compasivo con tus sentimientos difíciles hasta que estos revelen su inteligencia oculta, lo cual aunque pueda ser doloroso también resulta muy vitalizante.

Es que es ahí, en lo profundo del Gran Abajo donde se revelan los dones y las fuerzas naturales de la vida en la Tierra y de los umbrales de entrada a la pertenencia y restauración del alma femenina salvaje. Es un lugar ancestral, primigenio, fuente vida.

Como Inanna, podemos descender a nuestros adentros confiando en que nuestra psique renacerá. Esta es la ley de Ereshkigal, de nuestra sombra y su promesa para aquellos que se enfrentan a los peligros y los misterios de la Diosa Oscura y realizan el duro trabajo de honrar sus caminos del inframundo.


La elección es tuya para dirigir tu conciencia hacia el interior y aprovechar el invierno, como una época de muerte durmiente y oscuridad profunda. Al final, las promesas y los peligros de la Diosa Oscura conducen al mismo destino: las profundidades de la historia de tu vida en tu viaje para llegar a ser más plena, profunda y verdaderamente tú misma.


A veces en estos descensos se necesita ayuda, guía, pero sobre todo necesitamos mucha autoempatía y autocompasión. Tu lamento es sagrado, y empatizar y ofrendarte benevolencia ante ese lamento sagrado es medicina del alma y del cuerpo en lo profundo.

Hay misterios regenerativos que nos son revelados sólo si nos sumergimos. La vida brota abajo, en lo profundo, emanando esa conexión con nuestro corazón y con el de la madre Tierra. Para eso descendemos.

Si necesitas acompañamiento en tus descensos contáctame.


PRÁCTICA


Vuelve a leer estas palabras hasta que conectes con su profunda verdad. Deja que te despojen de tus auto-juicios y de las formas en que te escondes de la historia de tu vida.


Esta es tu preciosa e inestimable vida. Lo que se esté agitando ahora mismo, en tu paisaje interior y en tu entorno exterior, es parte de tu viaje. No se puede negar, ni escapar, ni esconderse.


Preséntate a tu trabajo del alma. Interroga tus síntomas, no con juicio, sino con benevolencia y con la intención de sumergirte en lo que todavía no sabes.


Deja que el inframundo te escriba una carta. Pide a tu inframundo que te hable, que se manifieste, y pide que eso sea de la mejor forma para ti posible en estos momentos. No controles, ni juzgues ni analices lo que surge. Solo escribe para darle voz a tu inframundo.


Tú, como Inanna, voltea tu oído hacia el Gran Abajo.

Escucha.

Practica tu escucha sentida.

Y escribe.






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